Por Alejandro M. David
Los oídos captan voces, sonidos, música. Pero es en el escuchar cuando eso que recibimos se vuelve significativo, pensable, propio, nuestro. Cabe preguntarnos si en nuestro presente oímos o escuchamos. ¿Vos que crees? ¿Oís o escuchas?
Hace unos quince o veinte anos atrás la única forma de escuchar un tema era comprando el disco, CD o casete original.
Algunos melancólicos recordaran aquellas cintas caseramente grabadas que habrán reproducido una y otra vez en sus noches de salidas. Pero la copia casi siempre se hacia de el original de un amigo, compañero o familiar que había comprado el material genuino.
Las disquerías eran comercios exitosos desde el punto de vista comercial y lugares cautivantes para todo aquel que quisiera revolver las bateas que rebosaban de todo tipo de producciones.
Hace unos veinte años atrás los discos se escuchaban de principio a fin, se gastaban las tapas de cartón de los vinilos, se rayaban los compact disc, incipiente formato en aquel entonces, y se salían las cintas de los casetes que eran un formato preponderante y popular de esa época.
Sin duda, todo ese maravilloso desgaste de tapa y formato era reflexivo, era escuchado. Todos los temas se escuchaban porque duraban meses, y hasta años, en rotación en la radio. Era común sentarse a debatir sobre un disco porque esas producciones musicales, internacionales o nacionales, del género que a uno le guste recordar, eran reproducidas de principio a fin, tanto por melómanos y dee jays como por cualquier mortal que tuviese un disco. Todos sabíamos como sonaba "Oktubre" de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota porque lo habíamos escuchado en su totalidad.
Que distante estamos de esa realidad, aquí el tango parece no tener razón cuando reza "veinte años no es nada". De esa década del ochenta y noventa, de disquerias que vivían su época de gloria y de discos que se escuchaban reflexionando desde su sonido hasta el arte de tapa sólo queda un buen recuerdo.
Hoy muy pocos hablan desde el rock, el pop y hasta el reggaeton desde sus producciones discográficas. Todos los géneros llevan la misma prisa impuesta por el mercado o los tiempos que vivimos. Hasta el hit más comercial pasa sin pena ni gloria y es sepultado bajo toneladas de otros temas que de inmediato se convertirán en parte de ese presente hiper fugaz del que queremos dar cuenta.
¿Pero que pasó en el medio? ¿Cómo entender lo que cambió? Para intentar deducir por que los discos ya no se apilan, coleccionan y escuchan como otrora. Para comprender por que bajo las persianas para siempre una disqueria emblemática de la ciudad de Rosario como lo fue Tal Cual. Para saber por que ahora cuesta tanto que todos nuestros amigos sepan de una misma producción discográfica, podemos citar al estadounidense master en sociología Scott Lash. Él manifiesta que "el orden global de la información ha borrado y devorado todos los trascendentales. Ya no existe espacio exterior alguno para dicha reflexión crítica. Y tampoco hay tiempo". En síntesis, y redondeando la idea que introduce Lash, es por los flujos de información y la globalidad que ya no existe lugar posible para la reflexión.
Pensándolo así podríamos entender por que ya los discos no se aprecian en su totalidad y no tienen la permanencia que en otros tiempos tenían en el aire de la radio.
Lash explica que los objetos en "su flujo global tienden a escapar de las intenciones y de la soberanía del sujeto". En estas líneas, nos permitimos considerar a las producciones discográficas como parte de la información, como una fibra de ese hilo que forma lo noticiable, que es lo que la comunicación media con lo global.
Lo que sucede con la música hoy en día tiene que ver con eso. Escapa de nuestro poder porque en esta "sociedad mediática" la unidad cultural es la comunicación. Y las características de esta última, según Lash, son lo breve, la velocidad y lo efímero.
Lo maravilloso de esta nueva sociedad de la información, de flujos comunicacionales y tecnología es que gran cantidad de artistas han podido trascender. Por medio de nuevos formatos, múltiples plataformas y redes han logrado hacerse escuchar de manera independiente. Situación que antes rozaba lo milagroso, ya que el poder de la difucion de un tema estaba condicionado por el contrato que solo unos pocos pudiesen alcanzar con una discográfica.
¿Pero el hecho de que una banda, por poner un ejemplo, tenga su video en la Web al alcance del mundo, sus temas a dispocision de quien quiera a través de los tan cuestionados programas de descarga o logre hacer crecer su grupo de fans por medio de las redes sociales, no hace que su producción sea otro "objeto" mas del que el sujeto ya no tenga control? Un "objeto" que viene a engrosar las filas de este "régimen informacional emergente de poder".
Y esa cualidad de breve, veloz y efímera que tiene esta sociedad hace que se necesiten todo el tiempo nuevos "objetos". Lo que genera un buen lugar para la producción pero quita territorio al análisis. En palabras del autor en cuestión, "ya no existe espacio exterior alguno para la reflexión crítica".
Quizás sea por eso que hoy los temas y los discos pasan rápidamente por la radio sin que podamos recordar siquiera que nombre tienen. Sin que podamos hablar de tal o cual lanzamiento. Porque al convertirse en "objetos" deben circular rápidamente para dar lugar a nuevos "objetos" que inmediatamente deberán hacer lo que sus antecesores. Sin que podamos escucharlos, sólo oírlos.
Respecto a esas disquerias que recorríamos hurgueteado bateas y bateas de discos, las mismas ya no tienen lugar en esta sociedad de la que habla Lash. Para algunos fueron comercialmente devastadas por la posibilidad de descargas gratuitas que brinda Internet a través del milagroso formato mp3, para otros razonablemente ajusticiadas. Y en lo que respecta al lugar que cumplen, ha sido suplido por la posibilidad de tener todo lo que se desea en casa, al instante y, como dijimos, gratis. Bien lo aclara Lash, "las comunicaciones implican también movimiento de bienes y personas". A lo que podemos agregar, "la nueva economía es, entonces, una economía de las comunicaciones".
No obstante, Lash deja abierta una puerta por la que asoma un has de luz, de esperanza, al decir que si bien "no hay escape al orden de la información, la crítica deberá provenir del interior de la información misma".
Groso.
ResponderEliminar