Por María Carolina Murisi
Es inevitable que el sentimiento de incertidumbre crezca de forma desmedida a la hora de "informamos", principalmente cuando la fuente de esa "información" es la televisión. Quizás lo ideal sería encontrar un punto medio en el procesamiento y análisis de esa variedad de datos y contenidos que consumimos, para no caer en la ingenuidad absoluta, pero tampoco en la paranoia exagerada, dos posturas antagónicas pero ambas iguales de peligrosas.
Mucha gente no se detiene a analizar, a indagar, a considerar y "reconsiderar" lo que consume, ya sea desde programas de chimentos hasta noticias importantes en las que se ven directa o indirectamente relacionados; de hecho para muchos si lo dijo la tele es "palabras santa", y no cabe para ellos la posibilidad de error o de tergiversación de la noticia, por eso es que muchas veces en vez de informar, se termina "desinformando". Si bien éste tema está "trillado" por muchas personas encargadas de analizar los medios de comunicación y los modos en los que se realizan éstos actos comunicativos, creo que vale la pena seguir reiterando e insistiendo en la posibilidad de invitar a la gente a la reflexión y al análisis de lo que se consume como información confiable y veraz. Muchos comienzan a ver estos asuntos cuando, por ejemplo, comienzan una carrera relacionada con los medios de comunicación, la cuestión es que no toda la población se dedica a eso, pero si toda la población consume lo que de esos medios justamente emerge.
Otro tema interesante es la elección respecto a quién decidimos escuchar, creer y oír cuando nos informamos. Hemos perdido la capacidad de confiar, ¿Cómo vamos a confiar? el tema es que nos volvemos desconfiados ante todo y todos, menos ante ese artefacto que nos dio la noticia.
Finalmente son los medios quienes nos terminan indicando a que tenerle terror, a que no, cual es la enfermedad de moda, cual es la peste que va a venir, a quien tenemos que creerle, a quienes no, que marcas tenemos que comprar, que comida comer, que esposo elegir, todo de una manera a veces obvia, a veces subliminal. No se trata de desconfiar de la televisión y de sus contenidos, se trata de saber poner un filtro y de saber seleccionar, discriminar cual es la noticia real y concreta de la que no.
Y no nos olvidemos que cosas buenas en el mundo pasan, pero como no hay sangre no son noticia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario