"La calle es el mejor lugar de todos. Se aprende. En el hogar se aprende la educación, pero en la calle se aprende a vivir. No me lo digan a mí. Todo lo que aprendí, lo poco y extraño que aprendí, lo aprendí en la calle." Las palabras de Aníbal Troilo tienen esa verdad tan sencilla como el cordón de una vereda. Y el tango es la calle. Está en la calle. Es dejado junto a los sifones delante de las puertas y de una trompada entra en las casas haciendo bailar al mate y las cortinas.
No hay ganas de definir el tango en un sentido etimológico. Ni explicar la filosofía de sus letras, escribiendo sobre desamores y el turf. Porque creemos que nadie comenzará a escucharlo o bailarlo ante la revelación de datos que siempre son bienvenidos, pero no para seducir al que no conoce. Y nuestra intención es esa: invitar, seducir, atraer. Como y quienes cantaron por primera vez el tango en Rosario.
En su ensayo “Letras de tango”, Oscar Benito Ríos detalla: “es frecuente escuchar voces condenatorias para las letras de tango. Quienes así lo hacen carecen de perspectiva histórica, hablan por bocas de otros, se dejan influenciar por los ritmos banales del momento, que aturden y sepultan la reflexión, que permiten el momentáneo olvido de los problemas cotidianos, que alejan principalmente a la juventud, de las prácticas de la amistad digna, de los sentimientos compartidos, del respeto por los mayores, de la proyección para lo porvenir, para sumirnos en la inconsciencia de un presente que se apura hasta el paroxismo, hasta consumir nuestras fuerzas espirituales y nuestras reservas morales. Las letras del tango canción en su inmensa mayoría encuentran la identificación del ciudadano argentino, no sólo en los diferentes estratos sociales, sino en los temas que tratan sus vivencias cotidianas. El amor, la amistad, el barrio, la madre, son temas que calan hondo en las letras de tango y que son parte de nuestra forma de vida que, olvidadizos o desmemoriados del vigor para expresar nuestra verdad, muchas veces despreciamos y rotulamos con títulos que nuestra intimidad niega pero que necesitamos expresar en pos de una imagen falsa para un argentino falso, al cual le enseñaron a despreciar lo nuestro para adorar formas y costumbres totalmente ajenas a nuestro saber y sentir”. “Porque todo está contenido en el tango. No es sólo una simple expresión de la música ciudadana. No es sólo un ritmo bailable. No es la minimización absurda en la cual pretenden encerrarlo algunos eruditos. El tango no es inteligencia, no es sabiduría, no es erudición, es cultura. Y como toda cultura se yergue soberano, transmitido hasta en los propios genes de la herencia, para demostrarnos su vigencia y convencernos de su significado. El tango es historia y en sus letras perdurables se encuentran vivencias de un tiempo que no se agosta, sino que se alarga, se prolonga, para que comprendamos mejor una parte importante de la historia y la psicología del pueblo argentino, las experiencias que nos fueron transmitidas y la posibilidad de engrandecerlas, buceando, escarbando en la cultura ciudadana, antes que deslizándonos por la epidermis de lo foráneo y lo espurio”.
Muchas letras de tango son verdaderos exponentes de una particular forma de vivir, muchas canciones populares nuestras son alegres y picarescas, tienen sabor a patria, nos hablan de lo que conocemos y queremos. Entonarlas es despertar a la argentinidad y alejarnos de lo que no nos es auténtico.
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